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SOBRE LA FIESTA CARETA


La Nación nos informa que ahora hay una fiesta careta de moda que viene de EE.UU o Europa.


"Buen día!". El grito en coro ensordece. Son las seis de la mañana de un miércoles cuando un local de Palermo Hollywood abre sus puertas y despliega una alfombra roja para un grupo de jóvenes con colchonetas bajo el brazo. A los costados de la alfombra, los anfitriones los reciben con un pasillo. Les gritan buen día a todos, uno por uno, como dándoles una inyección vital. Están disfrazados: usan anteojos de cotillón, vinchas en la cabeza, y vestidos de colores.


"Es la segunda vez que vengo. A mí me gusta salir, pero no tomo alcohol ni consumo drogas. Buscando fiestas sin drogas ni alcohol encontré esta. Y está buenísimo porque de acá te vas a laburar re pila", dice Martín Lozano, de 30 años


La descripción de la fiesta careta sigue y la hipótesis, que se confirma en cada línea, ya está expresada claramente ahí: "está buenísimo porque de acá te vas a laburar re pila". Esa es la fiesta de la alegría macrista, la alegría de adaptarse, la alegría de renunciar a toda lucha, la alegría de aceptar el mundo tal cual es, sin pedirle nada, sin exigir nada. Y para esa vida de sometimiento absoluto, una imagen, cual oxímoron siniestro: la fiesta. La fiesta que "recarga las pilas", las baterías de la explotación vital. A través de ese mandato a reír y bailar sobre el piso de una realidad incuestionable, el macrismo también produce su fiesta anti-fiesta, de un goce explotado, producido y sustraído: la fiesta careta.








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